LA POSVERDAD, LA MANIPULACIÓN QUE DAÑA INSTITUCIONES Y EMPRESAS

Tiene su origen en la política y consiste en difundir falsa información o desinformar por las redes sociales

Populism.o, crisis económica, desencanto con la globalización, hastío con la clase política o reacción anti-establishment son algunos de los temas que más han desfilado por las incontables tribunas y tertulias políticas. Una de las ideas que más peso ha cobrado en estas discusiones es la de la posverdad (del inglés post-truth), término popularizado por The Economist. Tanto es así, que este neologismo ha sido elegido palabra del año por el Diccionario Oxford. Significa, literalmente, “circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”. La aplicación del término para explicar la victoria de Trump o el Brexit denota que en ambos casos se manipuló la verdad para imponer posiciones viscerales. Ni Hillary Clinton mató a agentes del FBI, ni Londres ahorrará dinero desvinculándose de Bruselas. Pero la cuestión es que esas mentiras ayudaron a los vencedores a imponerse en sendas elecciones, así como muchas empresas son víctimas de ataques para desacreditarlas o menoscabar sus mercados.

Incendios digitales
Las empresas son muy conscientes del daño que les puede hacer un bulo, una verdad a medias o una información inexacta. Sobre todo si detrás de ello hay mala intencionalidad. Los llamados ‘incendios digitales’ (así se conoce el fenómeno de las crisis reputacionales de la era de internet) figuran desde 2013 en el Informe Global de Riesgos que elabora todos los años el Foro Económico Mundial. Se codea con amenazas como las catástrofes naturales, los efectos del cambio climático, las guerras o las epidemias. Los ejemplos más recientes tienen que ver con comunicados de prensa falsos, a los cuales hay que responder, según los especialistas de comunicación, de forma rápida usando los mismos canales a través de los que se ha iniciado el bulo y ofrecer una respuesta. Sin embargo, no es recomendable entrar en una dinámica de seguir contestando a las críticas de un mismo usuario si ya se le ha respondido.

McDonald’s, por ejemplo, ha realizado varias campañas para mostrar las explotaciones ganaderas a las que compra la carne y tratar de disipar las continuas dudas sobre la calidad de la materia prima. Lo que empezó como un infundio por internet (hoax en inglés) acabó replicándose en los medios de comunicación. La reacción de la compañía fue publicar un extenso artículo en su web en el que desmentía punto por punto las informaciones falsas y ofrecían datos sobre proveedores. Hay bulos muy interesados, totalmente intencionados. Y otros muchos los inician personas que no tienen nada mejor que hacer.
Medidas legales
Una vez logra viralizarse, es complicado saber qué vida tendrá una mentira en circulación. Dependerá de las medidas que tome la compañía afectada y de la reacción del público. Una buena política de marca es generar nuevo contenido sobre ella o acerca del caso. Eso ayuda a que cuando se busque información en internet de la compañía, sea esta última la que se encuentre y no la anterior. Por supuesto, también caben medidas legales para defenderse ante lo que se considere un ataque al negocio. Se puede recurrir a la vía civil por ataque al derecho al honor o a la penal en caso de considerar que la información incurre en injurias y calumnias o revelación de secreto. Sin embargo, aunque en el mundo offline tenía todo el sentido retirar publicaciones, en el online es muy difícil saber quién ha publicado qué y la difusión que ha alcanzado.

Muchas veces se puede llegar a una solución parecida por otras vías. Por ejemplo, planteando una queja formal al portal en cuestión”. Facebook o Twitter pueden bloquear contenidos si se demuestra que son falsos u ofensivos. Optar por la vía legal implica además el riesgo de obtener un efecto bumerán. El juez debe ponderar el derecho al honor y el derecho a la información. En caso de que no vea delito, el autor pueda vender esa intervención como un intento de censurar su libertad de expresión. Y eso, claro, le da más alas todavía al bulo.
El terrible poder de las redes sociales
Según datos de Pew, casi la mitad de los estadounidenses (un 44%) se informa a través de Facebook, una web en la que solo vemos las cosas que publican nuestros amigos, con lo que la influencia de lo que por él circula puede ser crucial, sobre todo si se tiene en cuenta que la confianza en los medios de comunicación tradicionales ha caído al 32%.

Estas evidencias y el debate que se ha generado en torno a ello han llevado a que el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, anunciara hace unas semanas nuevas medidas para controlar las noticias falsas que circulan en la mayor red social del mundo. Pero ¿es esto posible? Las propuestas van desde botones de denuncia, hasta sistemas de verificación de autores y una más estrecha colaboración con periodistas. No obstante, todo parece un golpe de efecto.
“La desinformación es probablemente el principal pecado en el que incurre un medio, porque dirige la opinión pública hacia una sola dirección y omite parte de la verdad”, dijo en una entrevista el Papa Francisco.

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