¿Qué pasará en el PLD?

El Partido de la Liberación Dominicana (PLD), como el partido más grande del país que es, está concitando toda la atención pública de la nación, luego de la salida del Dr. Leonel Fernández y un grupo de dirigentes de la organización, para irse a formar otro partido político.
En medio de las malquerencias, acusaciones y contraacusaciones que se producen a diario a través de todos los medios disponibles, pocos se han sentado a analizar las verdaderas causas de la partida y las han reducido a solo ésta: una lucha personal entre dos hombres, Leonel Fernández y Danilo Medina. Nada más falso. Nada más superficial.
El detonante de la actual situación ha sido la imposibilidad de Leonel Fernández de alcanzar otra postulación presidencial por el PLD para las elecciones del 2020, al perder las primarias abiertas celebradas el pasado 6 de octubre a mano del compañero Gonzalo Castillo y el equipo político del presidente Danilo Medina.
Sin embargo, los orígenes de este final abrupto, aunque esperado, de Leonel Fernández en el partido que presidía, se encuentran en el proceso de desnaturalización ideológica y organizativa a que fue sometido el PLD desde el congreso Prof. Juan Bosch, celebrado en el 2001 y donde a él se le eligió como presidente del partido.
¿Qué pasará en el PLD?
A partir de este congreso, y bajo la presidencia del Dr. Fernández, desapareció la formación política en el partido. Fuimos a una masificación desordenada y evadimos los grandes temas partidarios pendientes y claves para fortalecer la institucionalidad partidaria: el relevo de liderazgos, la sucesión presidencial, el funcionamiento de los organismos. Cierto son los triunfos electorales consecutivos y el inicio de la permanencia del partido en el gobierno, los municipios y el congreso, que ya van para veinte años consecutivos.

No se trata de borrar los méritos y los aportes de Leonel Fernández al partido y al país. Jamás en mi caso. De lo que se trata es que tuvo todo el poder para que el PLD no fuera solo una magnífica maquinaria electoral ganadora de elecciones. Fernández tuvo la oportunidad dorada de institucionalizar al partido y no lo hizo, tuvo todo el poder y podía completar el proceso de institucionalización del gobierno y del Estado. Tampoco lo hizo.
En mi obra “Cartas a Don Juan”, publicada en el 2010, preguntaba: “¿Podemos rescatar al PLD y reencauzarlo hacia una organización cohesionada ideológicamente, disciplinada, estudiosa de los problemas del país y del mundo y acerca de los cuales fije posiciones progresistas? Creo que se nos está haciendo tarde. La concepción que hoy predomina es la del Partido como una eficiente maquinaria electoral, pura y simple, y nada más”.
Al reducirnos a una simple maquinaria electoral, los organismos dejaron de reunirse. Solo el Comité Político lo hacía, y lo sigue haciendo, sin la regularidad debida. En la obra citada me refería a esa gran estructura partidaria que tenemos y que fue contaminada por el clientelismo. En ella decía: “Es una estructura formidable que solo está a la espera de que la dirección del partido adopte las decisiones de lugar para que no siga creciendo como una masa amorfa, sin ideales ni horizontes político-ideológicos que no garantizan el relevo político con calidad de la actual dirección”. Nada se hizo.
A partir del 2001 los organismos dejaron de funcionar y solo se activan para los procesos electorales, y añadía: “El resto del tiempo, vegetan sin planes de trabajo, sin programas de estudios, sin tareas sociales o comunitarias que realizar, pues las características solidarias que distinguían su partido (quizá cuando el huracán Georges fue su última manifestación), cada día se disipan más en el océano del clientelismo político”.
Nos convertimos en partido de masas, sin embargo, no resolvimos los temas cardinales referentes a la sucesión presidencial y al necesario fortalecimiento institucional de Estado y el gobierno.
Estas debilidades institucionales en el partido y en el gobierno se reflejaron con toda su crudeza, por primera vez, en las primarias de mayo del 2007, ocasión en la que se abusó del Estado y el gobierno al dejárselo caer encima al entonces aspirante Danilo Medina. La intromisión del gobierno en las primarias del 2007, tenía que impactar la relación política Leonel-Danilo.
Un partido sin rumbo ideológico e institucional fue lo que reprodujimos a partir del 2001. Desde mi ingreso al Comité Político en el 2005, no recuerdo una sola discusión para ver el tema de la sucesión presidencial o el relevo de liderazgos o las grandes reformas al Estado. Estos temas están ausentes. Por eso, el Dr. Leonel Fernández se habilitó en la reforma constitucional del 2010, eliminó el nunca jamás y se negó a abrir la fábrica de presidentes que él decía que era el partido. La reforma constitucional del 2010 fue la oportunidad perdida de institucionalizar definitivamente al país. El Dr. Leonel Fernández se hubiera retirado con sus doce años y tres períodos, el presidente Danilo Medina hubiera tenido sus ocho años sin el escarceo del 2015 en Juan Dolio, respetaríamos el centralismo democrático, nadie estuviera alegando “fraude” y el partido se encaminaría, sin ruidos, hacia la victoria electoral del 2020.
Estamos ante una oportunidad que no debemos desaprovechar para bien de la organización y de cara a un nuevo triunfo electoral en el 2020. El PLD goza de la simpatía de la mayoría de la población y Danilo Medina encabeza una magnífica y bien valorada gestión de gobierno. He mirado hacia atrás por un momento, pero miremos hacia el futuro y no perdamos el tiempo en discusiones bizantinas. A trabajar por el triunfo en las elecciones municipales, congresuales y presidenciales y a prepararnos para tener un congreso partidario de verdad en el 2021, que siente la base de una organización moderna, democrática y participativa.

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