NOSOTRAS, ¿LAS GOBERNADORAS?

San Juan, RD
Por: Ana Josefa Gil


Ahora, cuando recientemente el presidente electo, Luis Abinader, anuncia que escogerá mujeres como gobernadoras en las treinta y una  (31) provincias actuales (excluyendo, por supuesto; el Distrito Nacional), me conduce a recordar aquella novedad política que con el ascenso de Joaquín Balaguer al poder en el año 1966, “constituyó la designación de 26 damas para los cargos de Gobernador Civil de las 26 provincias en que se divide el territorio nacional”, acorde citó Julio G. Campillo Pérez, en su obra “Historia Electoral Dominicana 1848-1986”; cuarta edición de “El Grillo y El Ruiseñor”.

Recordando al mismo tiempo un discurso del fenecido líder de masa, Dr. José Francisco Peña Gómez, donde citaba un verso del poema “A Gloria”, publicado en 1881, mismo que fue escrito por el mejicano Salvador Díaz Mirón, pretendiendo tal vez mostrar sus conocimientos de aquellos sueños de Juan Pablo Duarte, de forjar una Patria grande donde el canto del grillo no opacara “la pureza del trino del ruiseñor”, engrillando sus patas e impidiendo su vuelo…

Ahora que nos encontramos encauzando un nuevo ciclo en la política dominicana; el que parece ser “El Ciclo de los L. A.”, Leonel Antonio (el ex presidente Fernández Reyna) y, Luis Abinader, el nuevo presidente de los dominicanos; tal como en el año 1966 se podía pensar en el “Ciclo de los J. B”, Joaquín Balaguer y Juan Bosch, respecto a la construcción de un antagonismo político que dejara fluir la alternancia de poder; principio tan elemental en las democracias representativas.

Mientras tanto,  nos corresponde recordar que Joaquín Balaguer, en el año 1966 no sólo permitió la participación de mujeres en su gobierno, donde algunas de ellas luego pasaron a puestos electivos; como fue el caso de la entonces gobernadora de San Juan, Ana Josefina Portes de Valenzuela; quien cuatro años después, en el 1970, alcanzó a ser la primera mujer y hasta ahora la única, que ha representado nuestra provincia en el Senado de la República. Balaguer también nombró destacados miembros del principal contendiente Partido Revolucionario Dominicano (PRD), del entonces partido de Bosch; quienes precisaron cesar en sus puestos de dirección partidaria para asumir a título personal tales funciones públicas. Conocía el ducho político del gran desafío que significaba optar en tan crítica situación política y económica, por la más alta investidura del país.

Como un verdadero estadista se sirve de los más competentes para la conformación de su gobierno, aplaudimos la decisión del Lic. Luis Abinader en torno a designar mujeres como gobernadoras en cada provincia, pues así será como desde el punto de vista de la planificación del desarrollo provincial; podríamos contar con un equilibrio al momento de diseñar las políticas públicas, frente a los hombres que representarán, a partir del próximo 16 de agosto, veintiocho (28) provincias en calidad de senadores (pues cuatro (4) curules serán ocupadas por mujeres; entre ellas, el Distrito Nacional); así como frente a los demás miembros, que están llamados a integrar el “Consejo de Desarrollo Provincial”; incluso, regional; según lo establece la Ley No. 498-06 de Planificación e Inversión Pública.

A las mujeres dominicanas, que al parecer andan por ahí inquietas; donde a raíz del anuncio hecho por Abinader, destacan más cabezas que sombreros disponibles, sólo me resta incitarles: ¿Queremos forjar un verdadero cambio? Entonces no hay tiempo para el azaroso desgano. Lo más conveniente para alcanzar la felicidad general es que el gobierno fomente la agropecuaria, incentive la industria y proteja el comercio. Estamos obligados a seguir adelante y lo haremos mientras existan honestos trabajadores dispuestos a rasgar la oscuridad al compás que lo hace el sol en cada amanecer; derramando sus esfuerzos cual aquellos que se aferran con pasión y esmero a las ubres de sus vacas, sin excusas ni rodeos, los trescientos sesenta y cinco días del año.

De igual modo, designadas gobernadoras o no, probablemente seguiremos colando el café claro a la luz del alba, despertando con su rico aroma a todos en casa, para continuar regando las plantas; quien sabe si entre ellas, alguna cayena; pues como bien destacó el poeta ya referido: “Los claros timbres de que estoy ufano, han de salir de la calumnia ilesos; hay aves que cruzan el pantano y no manchan… ¡mi plumaje es de esos! Fiado en el instinto que me empuja, desprecio los peligros que señalas.
El ave canta aunque la rama cruja, como que sabe lo que son sus alas”.

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